Alimentación prehispánica

Alimentación prehispánica

en LA HISTORIA GENERAL DE LAS COSAS DE NUEVA ESPAÑA De Fray Bernardino de Sahagún

Nota bien, hijo, que si alguno te diera algo de comer o de beber, de quién tienes sospechas, no lo comas ni lo bebas hasta que primero coma y beba de ellos quién te lo da

Fray Bernardino de Sahagún códice Florentino libro sexto

Prácticamente no hay apartado en la Historia… de Sahagún donde no se haga referencia a la alimentación. En su obra vemos reflejados la variedad, complejidad y refinamiento que tenían las diversas maneras de preparar y consumir sustentos entre los mexicas: su carácter sagrado; cuáles eran para los dioses, para los señores o para todos; las fiestas y la cotidianeidad; las técnicas culinarias; los ingredientes para cocinar; los utensilios, así como los lugares donde se obtenían y vendían.

Para reconstruir la vida de los mexicas en la época prehispánica, no hay documento más completo que la Historia general de las cosas de Nueva España escrita por Bernardino de Sahagún, quien, aunque concibió la obra como un documento que permitiera a los frailes evangelizadores descubrir cualquier conducta indígena que desde su punto de vista fuera idolátrica, es indudable que se interesó por la cultura de los indios y registró cuidadosamente los datos que le dieron sus informantes.

De esta manera fue más allá del propósito original, y nos dejó una clara idea de la complejidad y refinamiento de la cultura mexica. En cuanto a la alimentación, casi no hay apartado de esta obra que no contenga alguna referencia al tema.

Para los antiguos mexicanos, el alimento tenía carácter sagrado, puesto que daba el ser al hombre: “Porque es nuestro existir, porque es nuestro vivir, porque él camina, porque él se mueve, porque él se alegra, porque él ríe, porque él vive: el alimento”. Y más adelante: “Sólo por el alimento se mantiene la tierra; por él está vivo el mundo, [por él] estamos llenando el mundo. Nuestra total esperanza es el alimento” (Códice Florentino, lib. VI, cap. XVII, ff. 72r-73r).

A la mayoría de los dioses se les ofrendaban alimentos, y de ellos los más frecuentes estaban elaborados con maíz. Así, a Cihuapilli, diosa de las mujeres que mueren en el parto, se le ofrecían tamales hechos con distintas figuras, “unos, como mariposas; otros, de figura del rayo que cae del cielo, que llaman xonecuilli; y también unos tamalejos que se llaman xucuichtamatzoalli, y maíz tostado que llaman… ízquitl” (ibid., p. 42). En otras ofrendas había tamales con formas de muñecas y de flores.

Otro ingrediente frecuente en las ofrendas era el amaranto, bledo o huauhtli. Con la mezcla de harina y de semilla reventada de huauhtli hacían rodelas, saetas, espadas, muñecas, formas humanas, huesos e imágenes de dioses y de montes, cuyos dientes eran simulados con pepitas de calabaza, y los ojos con ayocotes negros.

Al dios del fuego le ofrendaban huauhquiltamalli –tamales hechos con hojas de huauhtli–, y también pulque teñido de color azul-verde.

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