Dechado de virtudes. Historias de labores femeninas. Siglos XVIII-XX

Dechado de virtudes. Historias de labores femeninas. Siglos XVIII-XX

Dentro de la actividad de monjas y mujeres novohispanas su educación estaba basada en una practica de las virtudes católicas y labores de buenas mujeres llenas de virtud, no cabía en ellas otra cosa sino el recogimiento, el recato, y los buenos modales, aunque sobre todo estaba la obediencia, las labores de una mujer llenas de virtud estaban en la cocina, el saber guisar, el saber atender una casa, desde la limpieza hasta la organización y las labores de ocio se concentraron en los dechados.

Los dechados son labores de bordado y deshilado, generalmente de autoría femenina y pueden contarse entre los protagonistas de la vida cotidiana y del ámbito de la educación femenina a partir del último siglo del período virreinal y hasta la primera mitad del siglo XX. Dichas obras son testigos de una de las facetas más personales de la vida de sus autoras y dueñas quienes imprimieron en ellas, no sólo sus ejercicios de costura, sino también sus ideas, imaginarios, valores y anhelos. En esta ocasión, usando como guía las definiciones que en 1732 se le concedieron en el Diccionario de Autoridades al término “dechado”, se revisan las generalidades sobre su historia y se ahonda en las particularidades del caso mexicano. Aquí́, los dechados y otras obras que formaron parte del panorama práctico, material y discursivo de las labores mujeriles, permiten desarrollar una reflexión sobre uno de los temas del arte y la cultura material, desde la mirada de la Historia del Arte.

Durante el virreinato, a lo largo del siglo XIX y ya entrado el siglo XX, las “labores de hilo y aguja” fueron aprendidas y practicadas por las mujeres en diversos contextos. Ya sea en colegios, conventos, beaterios o en el hogar, el aprendizaje y ejercicio de este tipo de tareas tuvo como referentes a los dechados, convirtiéndolos en testigos de las tendencias en la educación femenina. Las piezas resultantes fueron usadas a manera de muestrarios de costura, sirvieron a sus dueñas como un ejercicio propiciatorio de las “virtudes femeninas” y como ejemplo de trabajo y perfección. En el panorama global, las primeras evidencias de esta práctica se han datado en torno a los siglos XIV y XV, correspondiendo al caso de dos piezas procedentes de Egipto; en Europa, los ejemplos más antiguos se remontan hasta la primera mitad del siglo XVI.

Como piezas que formaron parte de un fenómeno específico de la tradición material femenina, los dechados se presentan aquí́ como detonadores de una reflexión sobre sus materiales, técnicas, formas y discursos, la cual es posible gracias al reciente interés que han despertado estas piezas entre los investigadores, actualizando con ello sus historias y las de sus autoras y antiguas dueñas.

Los dechados de virtudes eran pruebas de que una mujer estaba lista para el matrimonio, la vida religiosa o bien ser una delicada soltera que si bien no dispensaba de las virtudes se mostraba ante la sociedad como una mujer honrosa.

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