Epidemias en la Nueva España durante el siglo XVI

Epidemias en la Nueva España durante el siglo XVI

Los indígenas, ajenos a microorganismos portados por europeos y africanos, así como a los insectos propios de los animales introducidos a estas tierras (como caballos, vacas, cabras, cerdos, perros), fueron víctimas fáciles de los mismos.

Durante la toma de Tenochtitlan —mencionan las crónicas— la muerte de Cuitláhuac se debió a la viruela. Esta fue la primera pandemia (1521) que tocó y diezmó a la población de Tenochtitlan, al parecer uno de los soldados de Cortés venía enfermo y fue la fuente del brote.

Con una fácil transmisión y periodo de incubación de tan sólo cuatro días, para los indígenas que tenían el primer contacto con esta patología, la enfermedad resultó fatal.

El líder de los aztecas no fue el único que murió. Los españoles sitiaron la capital del imperio mexica, y tal cosa impidió la salida de sus habitantes que en pocos días se infectaron, de tal suerte que cuando los conquistadores entraron a la ciudad encontraron a gran parte de los residentes debilitados y moribundos. Los síntomas eruptivos y el tratamiento de la viruela eran desconocidos para los indígenas. No sabían cómo controlarla, pero además la difusión fue tan rápida que los enfermos difícilmente eran ayudados por otros que, al contagiarse, pronto se debilitaban.

Los cronistas de la época, soldados y frailes como Bernal Díaz del Castillo, Hernán Cortés, fray Bernardino de Sahagún, fray Toribio de Benavente —por mencionar algunos—, dejaron testimonio de los estragos que causaron las epidemias en los indígenas:

En algunos lugares de México, la mortalidad fue tan enorme que a los indios les resultaba imposible enterrar al gran número de muertos. “Derribaban encima de los cuerpos muertos las casas, para contener el hedor que subía de ellos, de modo que sus casas se convirtieron en sus tumbas”. En Tenochtitlan los muertos eran arrojados al agua, “y había un hedor grande, sucio; la hediondez salía de los muertos”

Las pandemias que posteriormente afectaron a la población indígena fueron: sarampión (en 1531), varicela (en 1538), peste (en 1545), paperas (en 1550) y, según estimaciones, ocasionaron una mortalidad de entre el 80 y el 95% de la población originaria. Cuando alguna de estas enfermedades se repetía, con excepción de la peste, los que habían sobrevivido al primer contagio adquirían inmunidad y ya no la padecían, pero de cualquier manera existía el peligro de adquirir una nueva, para la cual no contaban con anticuerpos.

Otros padecimientos señalados por la historiadora Elsa Malvido, que adquirieron el nivel de epidemias entre los indígenas, fueron la tifoidea, la disentería y el tifo. Estas tampoco generaban inmunidad, porque su aparición tiene que ver con las condiciones adversas de vida en la población como la desnutrición, la pobreza y el hacinamiento. Ingredientes infaltables, ya que, durante los primeros diez años, después de la conquista, los vencedores sometieron a los indígenas a la esclavitud, se apropiaron de sus tierras, los alejaron de sus centros de culto y de los espacios que por años habían sido parte de su tradición familiar.

Las nuevas formas de explotación debilitaron a los vencidos, la desnutrición imperó entre ellos; ahora debían trabajar excesivamente para otros y utilizar las mejores tierras para sembrar trigo, grano que los españoles requerían para su alimentación. Asimismo, la introducción del ganado, que vagaba con libertad por las tierras, afectó los cultivos de los indígenas que no estaban acostumbrados a cercar sus terrenos. La falta de mano de obra provocada por el descenso de población contribuyó también para que   disminuyeran las cosechas de los productos tradicionales, por lo que el hambre cundió entre la población nativa en diversos periodos.

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