LA HISTORIA DE LA ENCHILADA POTOSINA

LA HISTORIA DE LA ENCHILADA POTOSINA

Una Visión desde la Antropología Social

No es frecuente el registro del origen de un platillo que llega a ser considerado típico de un lugar. En términos generales los vemos como originado en un pasado indefinido y creado por una persona indefinida. Estas indefiniciones nos invitan a buscar la “receta” original, la o el creador original, el momento y lugar exactos, y nos llevan a una concepción purista, que partiendo de algo que se ha catalogado como típico, pasa a ser considerado como tradicional y luego, se busca sancionarlo como algo inmutable, estático. Cualquier modificación a la receta original es una corrupción de la tradición. Es el dominio de una concepción estática y de museo, de aquello que está vio. Con la enchilada potosina sabemos quién la creo, las circunstancias en que fue creada y cuál fue la receta original. Esto nos permite hacer algunas consideraciones antropológicas sobre el origen y evolución del platillo.

Su origen fue simplemente la búsqueda por la sobrevivencia de la familia: la Señora Cristina Jalomo, muy presionada por la falta de recursos para cubrir las necesidades económicas, sin escolaridad y pocas alternativas económicas, y una pareja irresponsable (alcohólico) buscó una fuente de ingresos en la venta de quesadillas en la vía pública.

Hasta aquí encontramos una situación tradicional en México: La mujer que, junto a su rol femenino de madre, asume el de hombre proveedor. En un momento dado, enfrenta una eventualidad: la maza para las quesadillas sale del molino de color rojo, debido al chile que había sido molido entes de su nixtamal. En el contexto de precariedad la respuesta fue evidente: usar la masa de color rojo y hacer un relleno de quesos de la localidad con salsa de molcajete. Hasta aquí, nada excepcional y bastante normal: se cocina lo que se tiene y se evita cualquier tipo de desperdicio. Lo excepcional viene en la aceptación de la familia y del público de las quesadillas “improvisadas”, que se convierten en “enchiladas”. La familia cuenta con recursos económicos que les permiten sobre vivir, sin embargó aún no propiamente un platillo reconocido o identificable, es simplemente una actividad para ayudar a la economía familiar.

Es Vicenta Coreño Castro, quien a partir de la enchilada, crea un negocio familiar. La señora  Coreño, casada con un nieto de Cristina y también presionada por las necesidades económicas, inicia a los 16 años (1978) el aprendizaje de la elaboración de la enchilada con su suegra, con quien trabaja hasta el fallecimiento de ésta para luego independizarse y comenzar con un negocio propio, que se convierte en un negocio familiar y un referente del platillo, hoy catalogado como cocina típica potosina. En este proceso surgieron una gran cantidad de señoras que producían la enchilada para la venta en vía pública, así como la producción artesanal para el venta para preparar el platillo en casa.

Cuando se trata el tema de la cultura inmaterial es complicado hablar de lo original, ya que como cultura viva, no depende del creador, sino del usuario o consumidor y del portador. Y desde esta perspectiva es que catalogamos a la Enchilada Potosina como un platillo típico por haber sobrevivido (al solucionar problemas de la vida, originalmente de una familia y luego de muchas) entre un número indeterminado de presentaron alimentos preparados para su venta en la vía pública y que no alcanzaron el reconocimiento o prestigio para ser imitados por otras personas para ayudar en la economía familiar. Fue, en primer término, el gusto de los habitantes del municipio de Soledad, y luego del municipio de San Luis Potosí, los hicieron de este platillo una parte del patrimonio inmaterial de la región y del estado.

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